¡Ay, los estereotipos! Nos fastidia que nos coloquen en uno pero somos implacables cuando los vemos en los demás. La ropa, la música, y hasta las drogas son asociadas con determinada tendencia en cuestión de segundos. ¿Unas rastas, música reggae? Nos falta tiempo para buscar el humo de marihuana en cuanto suenan los acordes de “No Woman No Cry”… En los ochenta,  ver el símbolo de la cara amarilla sonriendo nos situaba inmediatamente en el acid house (el house actual) y la imperdible botella de agua que asociamos a las drogas de diseño.

Pero también hay drogas que, pese a ser usadas desde tiempos inmemoriales, se resisten a entrar en un solo estilo musical. Esto ocurre con la salvia, una droga psicotrópica que aún busca su estilo musical. Devendra Banhart puso de moda el peyote, pero ahora que todos sabemos los daños que el abuso de las sustancias narcóticas pueden causar, la música debe mantener más que nunca equilibrada la balanza entre desparrame y trabajo duro. Hay matrimonios que acabaron mal (no podía ser de otra manera) como el flamenco y la heroína, y otros que nos suenan más a cine que a realidad (como el hip hop y el crack o la coca).

Drogas psicodélicas como las trufas mágicas nos conducen sin duda a parajes como California y nos hace movernos al ritmo de los Doors. Desde siempre, música y drogas se miran desde lejos o se funden como dos enamorados condenados a una relación tan fructífera como condenada a estrellarse. Gracias a la droga la música ha alumbrado grandes temas, pero también por su culpa ha perdido a figuras que han muerto prematuramente dejando a sus fieles huérfanos y desconsolados.

Contención, narcóticos, locales de ensayo, inspiración… ¿un amor imposible?

AlexSoccoNoticiasUncategorized
¡Ay, los estereotipos! Nos fastidia que nos coloquen en uno pero somos implacables cuando los vemos en los demás. La ropa, la música, y hasta las drogas son asociadas con determinada tendencia en cuestión de segundos. ¿Unas rastas, música reggae? Nos falta tiempo para buscar el humo de marihuana...
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